SEMANA LABORAL

Por fin el lunes ya no es tan odioso, es decir, ya no me ocasiona esa efímera depresión matutina que parece compensarse con la fugaz alegría del viernes por la tarde. Ya no tengo que apresurarme para ir al baño, para asearme, para desayunar algo rápido y enfrentarme al tráfico de oficinistas ansiosos y padres furiosos, de aquellos que a cualquier costo quieren llegar rápido a las empresas y a los colegios. No más. Ahora puedo ser yo mientras veo cómo los sueños se materializan, y la luz emerge del fondo para envolver suavemente las ideas que flotan sobre mis grises cabellos cansados. Después de todo, caer en una cama de hospital tras un infarto puede tener ciertas ventajas...

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