El infierno, son los Otros: A PUERTA CERRADA, de Jean Paul Sartre



Según Jean Paul Sartre “la otra existencia es tal en cuanto no es la mía y de tal manera la relación interpersonal es una relación de negación recíproca y solo la negación es ‘la estructura constitutiva del ser otros´”1, ya que al estar consciente de la existencia de algo o alguien, se está consciente de que no se es ese algo o alguien. Además, el otro, aquel que no somos, nos sirve como espejo puesto que nos vemos a través de su percepción de nosotros mismos, y es a causa de ello, por ejemplo, que sentimos vergüenza cuando accidentalmente caemos en la calle o tiramos la bebida sobre la mesa en un restaurante; sin embargo, cuando ese reflejo se vuelve obsesivo, y dependemos de la manera en la que los demás nos miran para actuar -o no-, dejamos de ser nosotros para tratar de ser lo que los otros quieren.
Así, Sartre hace evidente esta perspectiva de la otredad en una de sus obras literarias, Huis clos (A puerta cerrada), en la que dos mujeres y un hombre que han muerto reciben el castigo de vivir juntos hasta la eternidad, con lo que cada uno está condenado a ser visto por los otros dos –y a verse a través de ellos- para siempre. Esta obra de teatro se desarrolla en una habitación estilo Second Empire, es decir, del tipo que se preferían en los palacios de Francia durante la segunda mitad del siglo XIX, pero sin espejos, con una escultura de bronce sobre la chimenea, y solo una puerta, que sirve como entrada al infierno representado por la habitación misma. A través de ella es que van ingresando los personajes, y solo hay uno que entra y sale, un joven que se encarga de llevarlos ahí. El primero en llegar es Joseph Garcin, un hombre maduro que se sorprende al no encontrar ningún instrumento de tortura, y que está ahí por haber hecho sufrir a su esposa durante toda su vida; luego, aparece Inès Serrano, una mujer intrigosa que ocasionó el suicidio del marido de su amante y, finalmente, arriba Estelle Rigault, una señora vanidosa de alta sociedad que purga su condena por un infanticidio.
Poco a poco, es que van conociendo cuál es su castigo, mientras empiezan a darse cuenta de que la luz de la habitación siempre está encendida, de que no pueden salir, y tampoco dormir, forzados a estar juntos, a verse, a escucharse. Por ello, es que al preguntarse por el verdugo que les hará pagar por sus crímenes, Inès dice "Cada uno de nosotros es el verdugo para los otros dos", mientras que unas escenas después Estelle, enuncia “Solía verme como la gente me veía, eso me mantenía despierta” tras sentirse desesperada por no tener, siquiera, un espejo de mano. Por esta razón, por esa total dependencia que tiene cada uno de los otros para definirse a sí mismo, es que Garcin expresa casi al final de la obra que “El infierno, son los Otros”, denotando así la sentencia que les ha sido dictada para la eternidad.

Para leer la obra completa en español, pueden ir a esta dirección web A puerta cerrada 

1. Abbagnano, Nicola. Diccionario de filosofía, México: Fondo de Cultura Económica, 1998, p. 788


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